Translate

EL SAMURAI YOSHITSUNE, FERNÁN SÁNCHEZ Y EL SR. OGAMA EN LA PUEBLA DE CASTRO


Autores del artículo: 

Eva Mª Altemir Benabarre 
y Fernando Martín Bravo

Artículo publicado en el Libré de las Fiestas de La Puebla de Castro del año 2016.




CLIQUE sobre las fotos para disfrutarlas a mayor tamaño.


Convergen, en la Puebla de Castro, el Japón y el Aragón medievales en las figuras del legendario Samurái Minamoto no Yoshitsune y de Fernán Sánchez de Castro, héroes trágicos de su tiempo. Los dos fueron hijos bastardos: Yoshitsune, del líder del clan Genji y Fernán Sánchez, del Rey Jaime I el Conquistador. Y los dos murieron trágicamente por orden de sus respectivos hermanastros y herederos legítimos: Yoshitsune fue perseguido y muerto por orden de su hermanastro (y Shogun del Japón) Yoritomo y Fernán Sánchez, por orden de su hermanastro (y futuro Rey de Aragón) Pedro III el Grande.

Castro visto desde La Puebla de Castro. Autor de la foto: Pedro Bardají Suárez.

A principios de 2016, recibimos en el Ayuntamiento de La Puebla de Castro, un mail de un ciudadano japonés (desde Imazu en la ciudad de Takashima de la Prefectura de Shiga del Japón), el Sr. Shinichi Ogama, escrito en un español asequible porque había vivido un tiempo en Gerona. Nos pedía colaboración para ponerse en contacto con el historiador local D. Antonio Torres Rausa. Había leído un artículo suyo, publicado en el Blog Cultural de La Puebla de Castro, sobre Fernán Sánchez de Castro, primer Barón de la Real Casa de Castro, personaje que estaba estudiando porque había encontrado grandes paralelismos entre su vida y la de un aclamado y todavía muy celebrado héroe japonés que vivió en el s. XII: Minamoto no Yoshitsune


Detalle del Kakejiku de Minamoto no Yoshitsune  pintado hace 300 años por Ryokai Masatomo discípulo de Kano Morinobu, de la Escuela Kano del Japón. El Sr. Shinichi Ogama lo ha regalado a La Puebla de Castro. Autor de la foto: Pedro Bardají Suárez.





Os voy a relatar sucintamente la historia de Yoshitsune y vosotros juzgareis si hay semejanza entre ambos personajes, meras coincidencias o, como ya apuntan algunos, reencarnación (pues el nacimiento de Fernán Sánchez es un poco posterior al fallecimiento de Yoshitsune).


Kioto (Japón).  Calle del casco antiguo. Autor de la foto Meerakh.

MINAMOTO NO YOSHITSUNE nació en 1159. Fue el quinto de los nueve hijos del jefe de la familia Minamoto (Clan Genji) llamado Minamoto no Yoshitomo y de una de sus esposas, no de la principal sino de una cortesana de gran belleza y familia noble, llamada Tokiwa Gozen. En aquel tiempo se admitía la poligamia en el Japón.

Minamoto no Yoshitsune. Autor de la pintura Kikuchi Yosai.


Poco después de su nacimiento comenzó la rebelión Heiji en la que la familia Minamoto (clan Genji), la de Yoshitsune, se enfrentó a la familia Taira (clan Heishi). La contienda acabó con la victoria de los Taira, que asesinaron al padre de nuestro Yoshitsune y a sus 2 hermanos mayores. Yoshitsune era un bebe y él y sus hermanos Yoritomo (el tercer hijo y ahora el mayor tras el asesinato de sus dos hermanos mayores) y Noriyori fueron separados y exiliados.

Algunas historias cuentan que, durante su infancia, Yoshitsune se crió en un monasterio en las montañas, cerca de Kioto, y fue entrenado en el manejo de la espada y en tácticas de combate; pero, en realidad, poco se sabe de su niñez. Según la leyenda, en un puente cercano al monasterio, Yoshitsune se encontró con el descomunal e invencible monje guerrero Musashibou Benkei, quien lo desafió a un combate con espadas. Fácilmente derrotado por Yoshitsune, Benkei se convirtió desde ese momento en amigo leal y defensor fiel de Yoshitsune, al que acompañó en todas sus hazañas bélicas hasta el final trágico de sus vidas.


Benkei el monje guerrero, amigo y protector inseparable de Yoshitsune. Autor de la pintura Kikuchi Yosai.

Hay que explicar que, en la época medieval la figura del Emperador de Japón era más bien de carácter simbólico, tenía autoridad pero no poder; el poder real lo ejercían los nobles de la Corte Imperial. Los cuatro clanes que dominaban la corte y el país en aquella época eran: clan Genji (familia Minamoto), clan Heike (familia Taira), clan Fujiwara y clan Tachibana.

Volvamos a nuestra historia, después del triunfo de la familia Taira (clan Heike) sobre la familia Minamoto (clan Genji), el jefe de los Taira fue nombrado Shogun, algo así como general de los ejércitos, y pasó a ostentar el poder real de la nación.

Desde 1158 hasta 1180 reinaron 3 emperadores niños que fueron obligados a abdicar por la familia Taira (clan Heike). En 1180, en un asalto definitivo al trono, los Taira propusieron como Emperador Antoku, de 1 año de edad, perteneciente por parte de madre a su clan. En aquel contexto convulso, Mochihito, hijo de un antiguo Emperador, reclamó su derecho legítimo al título imperial protagonizando un alzamiento contra la usurpadora familia Taira (clan Heike). A la sublevación de Mochihito se sumó rápidamente la familia Minamoto (clan Genji) capitaneada por Yoritomo (hermanastro de nuestro héroe Yoshitsune), comenzando así, en mayo de 1180, las guerras Genpei (guerra civil por la sucesión al trono imperial con el propósito encubierto, entre los Taira y los Minamoto, de imponerse como clan dominante en el Japón). El príncipe Mochihito fue derrotado y ejecutado por la familia Taira, pero Yoritomo (líder de la familia Minamoto), pendiente de ajustar cuentas con los Taira por el asesinato años atrás de su padre y de sus dos hermanos mayores, continuó la guerra

Minamoto no Yoritomo, lider de la familia Minamoto (clan Genji). Hermanastro de Yoshitsune. Pintura atribuida a Fujiwara no Takanobu.

Yoshitsune (21 años), a pesar de haber crecido separado de sus hermanastros Yoritomo y Noriyori, se une a ellos en la lucha contra los Taira y tiene un papel destacado como comandante del ejército en los tres últimos choques entre los clanes. 

A mediados de 1183, después de una cruenta batalla en la que la mayor parte del ejército de los Taira fue destruido y su jefe realizó seppuku (suicidio ritual), su sucesor huyó con el Emperador y los tres tesoros de Japón.



Santuario Sintoísta Hachiman Shrine en Imazu Hamabun, Takashima, Prefectura de Shiga 520-1604, Japón. Foto: Google Maps


Desde ese momento, y hasta 1185, tuvieron lugar 3 grandes batallas para la completa destrucción de la familia Taira (clan Heike). La estrategia de Yoshitsune, y su capacidad de liderazgo de las tropas, transformaron esos tres combates en victorias, destacando la batalla final “Dan-no-Ura” librada en el mar interior del país. En ella murió el Emperador niño Antoku y se recuperó la Regalía imperial (los tres tesoros sagrados del Japón): la espada (símbolo del valor), la joya (símbolo de benevolencia) y el espejo (símbolo de la sabiduría). Este triunfo consolidó a la familia Minamoto (clan Genji) como clan dominante del Japón, hito que marca la transición de la época clásica (periodo Heian) a la época feudal (periodo Kamakura).


Situación de las batallas y ciudades más importantes en las Guerras Genpei, entre 1180 y 1185. Mapa atribuido a Ash Crow.

El carisma de Yoshitsune le convirtió en un personaje muy querido y admirado, pero también atrajo la envidia de otros que predispusieron contra él a su hermanastro Yoritomo, cabeza de la familia Minamoto (clan Genji) y ahora Shógun del Japón. Yoritomo comenzó una persecución durante meses, sin tregua, hasta acabar acorralando a nuestro héroe y a su leal monje guerrero Benkei en un monasterio del interior del Japón. El 15 de junio de 1189, Benkei moría tratando de frenar al enemigo mientras su señor Yoshitsune realizaba seppuku o harakiri (forma voluntaria y ritualizada de morir con honor).


Estatua de Minamoto no Yoshitsune en Dan no Ura, Japón. Autor: photozou
Yoshitsune vivió solo 30 años pero trepidantes, repletos de épica, lealtad, venganza, traición y tragedia; hechos históricos que se entremezclan con otros asociados con el folklore japonés, dibujando una vida que ha sido reseñada en obras de literatura, pintura, escultura, películas (por ejemplo, "los hombres que caminan sobre la cola del tigre" del gran director Akira Kurosawa), comics (manga) y, más recientemente, en videojuegos y series anime.

Esta es la historia del gran Samurái del Japón que bien pudo ser compañero de nuestro Fernán Sánchez de Castro; seguro que se hubieran caído bien, de haberse conocido. 

En cuanto a nuestro japonés actual, Sr. Ogama, después de intercambiar correos con el Ayuntamiento y también con D. Antonio Torres Rausa, organizó su viaje a España para conocer, de primera mano, el entorno en que se desarrolló la vida de Fernán Sánchez, primer Barón de Castro.

Castro con los Pirineos al fondo. Autor de la foto: Rafael Franco Suiles. Clique sobre la imagen para disfrutarla a mayor tamaño.

El día 10 de marzo de 2016, tras recorrer más de 10.000 kilómetros desde Takashima (Japón), el Sr Ogama llegó nuestra localidad. Acompañado por D. Antonio Torres Rausa y por el Informador Turístico Local D. Fernando Martín Bravo visitaron el agreste Castro, origen y cabeza de la Baronía de Castro: la Iglesia románica con el alfarje mudéjar, decorado con escudos del linaje de los primeros Barones de Castro; los restos del castillo; las calles; los rincones y muros espaldados del antiguo poblado... El relato de D. Antonio Torres y las aportaciones de D. Fernando Martín compusieron el mapa de lo que pudo ser la vida de Fernán Sánchez y la de las gentes de su época en estos lares; bastante más duras que la que hoy disfrutamos. El Sr. Ogama se mostró cercano e interesado por las aportaciones históricas durante el paseo, unidas a la belleza del lugar, su aire limpio y los magníficos paisajes que lo enmarcan.

 
En Castro. De izquierda a derecha, el Sr. Shinichi Ogama y D. Antonio Torres Rausa. Autor de la foto: Fernando Martín Bravo.

En Castro. De izquierda a derecha, D. Fernando Martín Bravo, el Sr. Shinichi Ogama y D. Antonio Torres Rausa. Al fondo, la iglesia románica de San Román de Castro. Autor de la foto: Fernando Martín Bravo.

En Castro. En los restos de la torre del castillo. En el fondo, abajo a la izquierda, se aprecia La Puebla de Castro. De izquierda a derecha, D. Fernando Martín Bravo, el Sr. Shinichi Ogama y D. Antonio Torres Rausa. Autor de la foto: Fernando Martín Bravo.

A la vuelta de ese entrañable viaje al pasado, el Sr. Ogama fue solemnemente recibido en La Puebla de Castro por su AlcaldesaMaría Teresa Bardají Lanau a la que acompañaba, invitada para la ocasión, la Sra. Alcaldesa de EstadillaCarmen Sahún Obis. Visitaron la Casa de la Villa y luego le mostraron el pueblo y bienes del patrimonio, de la mano de los Informadores Turísticos Locales Dª Eva María Altemir Benabarre, Dª Malús Burrel Raso y Dª Esther Vea-Murguía Estívariz. En la Iglesia Parroquial de Santa Bárbara, el Sr. Ogama disfrutó contemplando los tesoros del joyero-museo y el majestuoso retablo gótico de San Román de Castro.


En la Iglesia Parroquial de Santa Bárbara de La Puebla de Castro. De izquierda a derecha, D. Chan de China voluntario en Casa Luisa de Secastilla, Dª Carmen Sahún Obis Alcaldesa de Estadilla, Dª María Teresa Bardají Lanau Alcaldesa de La Puebla de Castro, el Sr. Shinichi Ogama, D. Antonio Torres Rausa, Dª Esther Vea-Murguía Estívariz y Dª Malús Burrel Raso. Detrás, el retablo gótico de San Román de Castro. Autor de la foto: Fernando Martín Bravo.


Al final de la visita, D. Antonio Torres Rausa regaló al Sr. Ogama y al Ayuntamiento de La Puebla de Castro sendos posters con el árbol genealógico de los Castro.

 
En la Plaza Mayor de La Puebla de Castro. D. Antonio Torres está regalando un poster con el árbol genealógico de la Real Casa de Castro al Ayuntamiento de La Puebla de Castro y al Sr. Ogama. De izquierda a derecha, D. Fernando Martín Bravo el Sr. Shinichi Ogama,  Dª María Teresa Bardají Lanau Alcaldesa de La Puebla de Castro, D. Antonio Torres Rausa,  Dª Carmen Sahún Obis Alcaldesa de Estadilla y  Dª Esther Vea-Murguía Estívariz. Autor de la foto: Fernando Martín Bravo.

Por la tarde, el Sr. Ogama se desplazó con la Sra. Alcaldesa de Estadilla a dicha localidad, que visitó y que tan unida está al origen de la Baronía de Castro y a Fernán Sánchez.

Estadilla. El portal del Sol. Autor de la foto: Web Estadilla

Los Informadores Turísticos Locales de La Puebla de Castro quisieron ofrecerle también al Sr. Ogama una visita guiada al museo Diocesano de Barbastro-Monzón. D. Fernando Martín Bravo le mostró la colección de arte que alberga el museo, huellas de las personas que habitaron la Ribagorza y otros valles del Pirineo aragonés en época medieval, cuyas formas de vida e intereses han quedado plasmados, de alguna manera, en las obras que aquí se exhiben.

Clique sobre la imagen para visitar el Museo.

Por último, en Zaragoza, y antes de tomar el vuelo hacia Japón, el Sr. Ogama tuvo la ocasión de compartir y contrastar con D. Antonio Torres Rausa, en el marco de un distendido almuerzo, sus investigaciones sobre el paralelismo entre las vidas de Yoshitsune y Fernán Sánchez. Quizá la mayor diferencia entre ambos personajes está en que, para algunos, Fernán Sánchez ha pasado a la historia como rebelde y traidor, mientras que Yoshitsune lo ha hecho como un héroe.

En Castro. De izquierda a derecha D. Antonio Torres Rausa y el Sr. Shinichi Ogama. Detrás, la iglesia románica de San Román de Castro. Autor de la foto: Fernando Martín Bravo.

Ya de vuelta en el Japón, el Sr. Ogama quiso agradecer la hospitalidad recibida enviando como regalo para La Puebla de Castro unos comics (manga) sobre la vida de Yoshitsune.

Comics (Manga) de Minamoto no Yoshitsune héroe popular y legendario del Japón; regalo del Sr. Shinichi Ogama  para La Puebla de Castro. Autor de la foto: Pedro Bardají Suárez. 
Página del manga de Minamoto no Yoshitsune, héroe popular y legendario del Japón. Libro regalado por el Sr. Shinichi Ogama  para La Puebla de Castro. Autor de la foto: Pedro Bardají Suárez. 

También, como regalo para La Puebla de Castro, el Sr. Ogama envió una extraordinaria pintura, propiedad de su familia, del joven samurái (Caballero) Minamoto no Yoshitsune  realizada hace 300 años por Ryokai Masatomo, discípulo de Kano Morinobu, de la Escuela Kano. Lienzo que embellece actualmente una de las paredes del Salón de Plenos del Ayuntamiento de La Puebla de Castro. La pintura está arreglada a la manera tradicional japonesa denominada Kakejiku (rollo colgante), que consiste en enmarcarla con telas especiales y armarla de forma que pueda ser enrollada cuando no se exhibe. Para su exposición se cuelga de la pared colocándole, en los extremos inferiores, sendos “Futín” (borlas con peso) que hacen que la pintura penda recta. 

Kakejiku del joven samurái (Caballero) Minamoto no Yoshitsune  pintada hace 300 años por Ryokai Masatomo discípulo de Kano Morinobu, de la Escuela Kano del Japón. Cuelga de una de las paredes del Salón de Plenos del Ayuntamiento de La Puebla de Castro. Autor de la foto: Pedro Bardají Suárez.
Fotografía del Kakejiku de Minamoto no Yoshitsune  en el salón de la casa del señor Shinichi Ogama en Japón. Autor de la foto: Shinichi Ogama.
Detalle del Kakejiku de Minamoto no Yoshitsune  pintado hace 300 años por Ryokai Masatomo discípulo de Kano Morinobu, de la Escuela Kano del Japón. Se expone en el Salón de Plenos del Ayuntamiento de La Puebla de Castro. Autor de la foto: Pedro Bardají Suarez.
Detalle del Kakejiku de Minamoto no Yoshitsune  pintado hace 300 años por Ryokai Masatomo discípulo de Kano Morinobu, de la Escuela Kano del Japón. Autor de la foto: Pedro Bardají Suárez.
Detalle de la cenefa del Kakejiku de Minamoto no Yoshitsune  pintado hace 300 años por Ryokai Masatomo discípulo de Kano Morinobu, de la Escuela Kano del Japón. Autor de la foto: Pedro Bardají Suárez.
Detalle del Kakejiku de Minamoto no Yoshitsune  pintado hace 300 años por Ryokai Masatomo discípulo de Kano Morinobu, de la Escuela Kano del Japón. Autor de la foto: Pedro Bardají Suárez.

LOS OLIVARES DE LA PUEBLA DE CASTRO

Autor del artículo: Pedro Bardají Suárez

Olivar de La Plana de Casa Feliciana de La Puebla de Castro. Olivos de la variedad  Albá o Albar (Albareta). Autor de la foto: Pedro Bardají Suárez.

El olivo es sin duda el árbol más representativo de la cultura mediterránea. Su capacidad de supervivencia y de rejuvenecimiento lo asemeja a una planta prácticamente inmortal


Olivar de San Roque de Casa Romeu de La Puebla de Castro. Autor de la foto: Pedro Bardají Suárez.

Pasear por uno de los olivares bien cultivados de La Puebla de Castro, entre árboles centenarios, constituye una experiencia casi mística. Algunas viejas oliveras parecen ancianos venerables de cabellos plateados, con cicatrices y arrugas marcadas por la vida, con un musgo sobre la corteza que al tocarlo, tan tobo, tiene uno la sensación de estar acariciando a un mamífero al que solo le falta hablar.


Olivar de San Roque de Casa Romeu de La Puebla de Castro. Autor de la foto: Pedro Bardají Suárez.

Las variedades de olivo que se encuentran en la Puebla de Castro son: Injerto (Empeltre), originaria, según los expertos, de Alcañiz (Teruel) o de Pedrola (Zaragoza); Verdeña; Cerruda, llamada así por su ramaje espeso, cerrado y porte llorón; Alía, poco amarga y por tanto muy apreciada para el aliño tanto en verde como en negro; Sevillano (Caspolina), originaria posiblemente de Caspe (Zaragoza), es la más apreciada para aliñar en verde; Blanca (Blancal), llamada así por el aspecto blanquecino de sus ramas; Albá o Albar (Albareta); y algunas otras autóctonas y traídas de pueblos cercanos como la variedad denominada Santaliestra. La mayoría de estos olivares se han mantenido para el autoconsumo porque, como es bien sabido, ¡no hay como el aceite de casa!”


Olivo de la variedad Empeltre (Injerto) en el olivar de San Roque de Casa Romeu de La Puebla de Castro. Este árbol ha producido en las dos últimas campañas 80 y 95 kilos netos de olivas. Autor de la foto: Pedro Bardají Suárez.

En la Puebla de Castro se dice que quien coge las olivas antes de Navidad deja el aceite en el olivar”. Sin embargo suele ser el final de la recolección de la almendra quien marca el inicio de la campaña de la oliva. En años en que las heladas han respetado la floración del almendro, la recogida de sus frutos se alarga hasta finales del mes de noviembre y, a veces, hasta bien entrado diciembre, desde ahí, sin interrupción, las mantas y maneros (varas) pasan al olivar.

Olivera de la variedad Albá o Albar (Albareta). Olivar de La Plana de Casa Feliciana de La Puebla de Castro. Autor de la foto: Pedro Bardají Suárez.
Olivar de San Roque de Casa Romeu de La Puebla de Castro. Autor de la foto: Pedro Bardají Suárez.

RECUERDOS Y ESCENAS VIVIDAS POR NUESTROS ANTEPASADOS DURANTE LAS CAMPAÑAS DE LA OLIVA EN EL PASADO SIGLO XX

Había días y ratos bonancibles pero lo habitual era el frio, la rosada de la mañana, el viento helado, la boira (niebla) bufando y cubriéndolo todo de blanquinosa espesura y humedad. Un tiempo sin moscas ni reptiles. El abuelo solía decirle al nieto, “…enséñale el culo a la boira y verás como la espantas”.


La boira (niebla) empezando a cubrir el olivar de San Roque de Casa Romeu de La Puebla de Castro. Autor de la foto: Pedro Bardají Suárez.

A coger olivas iba toda la familia. Al llegar al olivar el abuelo cortaba una buena aldiaga (aliaga) y le pretaba (prendía) fuego para que todos pudiesen calentarse las manos antes de empezar. En aquellos tiempos nadie usaba guantes y era habitual pixase (mearse) en las manos para, con la urea de la orina, evitar que las cortara el frio.


Olivar de San Roque de Casa Romeu de La Puebla de Castro. Autor de la foto: Pedro Bardají Suárez.

Las mujeres y los críos agarraban una cesta y a coger olivas de tierra (del suelo y de las espuendas) a pizco (a pellizco). Estas olivas se guardaban en talega aparte, al estar limpias de hojas y ramas no necesitaban pasar por el aventador. Algunas mujeres para no dañarse los dedos con pinchazos de barzas (zarzas), hartos y evitar los padrastros de las uñas, se colocaban dedales de cuero en los dedos pulgar e índice. Las mujeres y los niños ayudaban también a tender las mantas en torno al tronco de la olivera.

Olivera de la variedad Albá o Albar (Albareta). Olivar de La Plana de Casa Feliciana de La Puebla de Castro. Autor de la foto: Pedro Bardají Suárez.

A los hombres les tocaba el tirar (varear el olivo).  Utilizaban palos o varas de urmo (olmo) de distintas longitudes: el manero curto (vara corta) de aproximadamente 1’5 m; el manero de aprox. 2 m;  el manero llargo (vara larga) de aprox. 2’5 m; la media percha de aprox. 3’5 m; y la percha de aprox. 5 m y más.


Varas de olmo para la recogida de olivas. De izquierda a derecha, percha de más de 5 metros de altura, media percha y manero. Autor de la foto: Pedro Bardaji Suárez.

El abuelo y el mocé (hijo adolescente) se encargaban, desde el suelo, de rodear el olivo y sacudir con los maneros las olivas de las ramas. Recurrían a la media percha para las ramas altas y a la percha para las más altas y de más difícil acceso “¡bim bam… bim bam…!” El padre subía a la olivera para tirar desde dentro utilizando los maneros. Que satisfacción tan grande producía ver caer las olivas sobre las mantas, que hermosura. La olivera se daba por terminada cuando el padre decía: “¡ya está tirada, ya están todas en tierra!”.


Olivar de San Roque de Casa Romeu de La Puebla de Castro. Autor de la foto: Pedro Bardají Suárez.

Los buenos tiradores (vareadores) sujetaban el manero con el porte y la elegancia de un experto jugador de billar, mostrando destreza en los toques, golpeando por igual las olivas de arriba con la punta del manero que las de abajo con el extremo inferior. Ninguna escapaba a su ojo y toque preciso.

Olivera de la variedad Albá o Albar (Albareta). Olivar de La Plana de Casa Feliciana de La Puebla de Castro. Autor de la foto: Pedro Bardají Suárez.

Las ramas se sacudían y golpeaban de lado, nunca de frente, para no partirlas y dañar lo menos posible al árbol. 


Olivar de San Roque de Casa Romeu de La Puebla de Castro. Autor de la foto: Pedro Bardají Suárez.

Había olivos que entregaban su fruto con solo mover las ramas (las variedades Blanca y la Alía), otros en cambio se resistían, había que competir para que lo soltaran, y mandaban olivas, cual abejas defendiendo la colmena, bajando con mala intención por el manero hasta hacer diana en la nariz, en la oreja, en la frente o en el ojo del tirador (vareador), y escocían lo suyo.


Olivar de San Roque de Casa Romeu de La Puebla de Castro. Autor de la foto: Pedro Bardají Suárez.

En todos los olivares de La Puebla de Castro se repetían miméticamente comentarios como los siguientes: “ya se me ha caíu (caído) el manero, alcánzamelo…”; “… alcánzame ahora el manero llargo”; “… sientes (oyes) lo que te digo, no tires tan fuerte que mandas las olivas muy llejos”; “… no tires tan cerca con la percha que me vas a tocá a yo (que me vas a golpear a mi); “¡toc!”, “… ya más tocau, para más cuenta (ten más cuidado). A veces el tirador se obsesionaba con una oliva que se resistía a caer y hasta que no lograba tirarla no baja del árbol; la mujer que lo veía entretenido le gritaba “¡pero que fas (haces) que no bajas, no seas moneco y deja está ixa oliva (deja estar esa oliva)!”.


Anocheciendo en el olivar de San Roque de Casa Romeu de La Puebla de Castro. Autor de la foto: Pedro Bardají Suárez.

A la caída del sol la familia regresaba con la cosecha a casa. En el patio de la vivienda las olivas se pasaban por el aventadó (aventador) para desprenderlas de hojas y ramas; restos que luego servirían de alimento a las guellas (ovejas). Una vez recolectada la cantidad suficiente, al menos 300 kilos de olivas, tocaba ir a molé, es decir, llevarlas a desfé al torno o almazara, guardar luego el tesoro del aceite en el pozal o cubo del aceite de casa y, para el mes de junio, antes de que llegaran las calores, trascolarlo, en mingua, a ser posible viernes y, sobre todo, en día no nublado.


Aventador de olivas junto a báscula, en el patio de Casa Romeu de La Puebla de Castro. Autor de la foto: Pedro Bardají Suárez.



Si desea consultar el artículo sobre los Tornos, Molinos de aceite o Almazaras de La Puebla de Castro haga “clic” sobre el siguiente título:






¡¡ ÚLTIMAS PUBLICACIONES EN EL BLOG !!

Gifs Animados - Imagenes Animadas

¡¡ VERÁ QUE INTERESANTES...

NO SE LAS PIERDA !!